Entre fragmentos, moldes, poleas y recuerdos, el escultor manizaleño Luis Guillermo Vallejo trabaja para recuperar el Cristo de la Catedral que se desprendió durante el terremoto del 10 de agosto. Su propósito no es hacer uno nuevo: quiere reconstruir, pedazo a pedazo, el mismo que durante años estuvo en la cúspide de la Basílica.
Después del terremoto, Luis Guillermo Vallejo solo tenía una preocupación en la cabeza: saber qué había pasado con el Cristo de la Catedral de Manizales, una obra que salió de sus manos y que durante años estuvo en lo más alto de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario. Cuando finalmente consiguió autorización para ingresar al templo, dedicó una mañana entera a buscar entre los restos. Sabía que los pedazos tenían que estar allí. Los encontró dispersos, pero concentrados en un mismo sector. Recogió cuanto pudo. Faltaba algo fundamental: el rostro. Algunos fragmentos, cuenta, seguramente habían sido retirados y en ese momento ya no estaban. Pero Vallejo decidió comenzar de todas maneras. “Yo decía que los pedazos tenían que estar en alguna parte”, recuerda. Con los que logró rescatar empezó a imaginar nuevamente la figura original.

En su taller comenzó la tarea, recordando lo hecho en la primera oportunidad. Vallejo conservaba el molde de la cabeza y decidió utilizarlo para fabricar una nueva mientras aparecía la original. Trabajó sobre ella hasta tenerla lista y regresó a la Catedral. Allí ocurrió uno de esos momentos que, en medio de una tragedia, terminan convirtiéndose en esperanza: encontró el rostro original. “Me llenó de alegría”. Volvió inmediatamente al taller, retiró la cabeza que había elaborado y colocó la que había recuperado entre los restos. Para él no era un detalle menor. Entre las dos había diferencias y, sobre todo, estaba convencido de que la energía de la obra original no podía ser reemplazada. Su propósito quedó claro: recuperar el primer Cristo, no hacer otro.
Ahora, entre poleas, herramientas y decenas de fragmentos, el escultor trabaja en la reconstrucción. Cada pedazo tiene un significado. Cada pieza encontrada puede devolverle al Cristo una parte de su historia. Mientras arma nuevamente la figura, piensa también en lo que ocurrió aquel 10 de agosto, cuando las imágenes del terremoto mostraron al mundo cómo la escultura se desprendía de la cúspide de la Catedral. Lo que entonces fue una escena de destrucción terminó convirtiéndose también en una historia que trascendió las fronteras de Manizales. Por eso no pensó en desecharla y reemplazarla por otra. “¿Cómo tirar este Cristo que ya se volvió famoso a la basura?”. Para él, la obra adquirió ahora un valor todavía mayor.

La razón está precisamente en su historia. Antes del terremoto, el Cristo era conocido en Manizales y formaba parte del paisaje de la ciudad; después de aquel día, su caída fue vista en todo el mundo. Vallejo cree que, una vez recuperado y nuevamente instalado en la Catedral, podrá convertirse también en un testimonio de la capacidad de una ciudad para levantarse después de una tragedia. No sería un Cristo nuevo ocupando el lugar del anterior. Sería el mismo que cayó, el que quedó reducido a fragmentos y el que ahora vuelve a encontrar su forma original. “Tenía que ser el mismo, resucitado a pedazos”.
La obra ya está en marcha, pero todavía falta camino y también recursos para terminarla. Se necesita el respaldo de empresas y de los manizaleños que quieran sumarse a este propósito para completar la recuperación y hacer posible que el Cristo vuelva a la cúspide de la Basílica Metropolitana. Como un milagro divino, el Cristo podrá regresar de sus escombros para instalarse plenamente recuperado en el sitial que se merece.




