La luz del Coliseo Menor Ramón Marín Vargas se filtra a través de las ventanas mientras el murmullo de un día expectante va cobrando vida. En su interior, la atmósfera rebosa de emoción y competitividad. La presidenta del Club Boccia Fénix Manizales, Rocío Misa Cifuentes, nos recibe con una sonrisa que refleja la pasión que siente por este deporte. «Hoy estamos aquí para celebrar un torneo interno Pro Boccia«, nos dice, dando el pistoletazo de salida a una jornada que promete ser memorable.

A medida que los equipos toman sus posiciones, la espera se convierte en un emocionante preludio. Doce novatos, llenos de sueños y nervios, se preparan para enfrentarse a los seis deportistas de alto rendimiento de Caldas. Entre ellos se encuentran los orgullo de la región: Susana Otero Misas, medallista juvenil, y Álvaro, quien conquistó el oro en los Juegos Nacionales. Ambos encarnan, en sus historias de esfuerzo y dedicación, el espíritu de superación que caracteriza al Club.
Cada lanzamiento de bola se traduce en su propia narrativa. La boccia, un deporte paralímpico para personas con discapacidades físicas, se lleva a cabo en un ambiente donde todos saben que lo que importa no es solo ganar, sino el vínculo que se crea entre quienes compiten. Esteban y César, deportistas de la categoría BC3, utilizan rampas y punteros debido a sus limitaciones motoras, mientras que la valiente Erika Manuela Gutiérrez demuestra que el talento no entiende de barreras. Ya ha ocupado el cuarto lugar en campeonatos nacionales, dejando claro que su esfuerzo tiene eco más allá del Coliseo.

Rocío nos comparte que el apoyo de las familias es fundamental para llevar a cabo esta actividad, así como la valiosa contribución de la Lotería de Manizales, que no solo apoya con publicidad, sino que también abre puertas hacia el futuro. “Estamos preparando a nuestros competidores para el Campeonato Regional en Cali, donde los mejores de Caldas se enfrentarán nuevamente”, comenta con orgullo. Esos seis atletas, entre risas y temores, representan las esperanzas blindadas de sus familias ante la adversidad.
Frente a esta multidimensionalidad, Susana, una joven de diez años en la categoría BC1, se levanta como la representación del futuro. Su historia es un testimonio de cómo el deporte puede transformar vidas. Al preguntarle sobre su inicio en la boccia, sus ojos brillan al recordar que fue “buscada por el colegio” y traída a estas canchas, donde ha ido cosechando logros desde entonces: “Medalla de oro en los Juegos Nacionales Juveniles”, menciona con orgullo, mostrando que su parámetro para el éxito va más allá de la competencia.

La dificultad que enfrenta no ha sido un obstáculo, sino un impulso. Nacida con parálisis cerebral, Susana camina con muchas limitaciones, pero nunca ha permitido que eso detenga su pasión por el deporte. “Me he sentido muy bien aquí”, dice con una sonrisa que ilumina su rostro, mientras comparte su deseo de seguir creciendo en la boccia.
La jornada avanza, y el coliseo se convierte en un escenario donde no solo compiten atletas, sino guerreros de la vida. Cada partida es un recordatorio de que en la boccia, como en la vida misma, siempre hay espacio para la superación y la esperanza. La afición, aunque quizás no tan numerosa como desearían, demuestra su apoyo constante, vitoreando a cada competidor con un fervor que trasciende las victorias.
Así, el día concluye con el eco de las sonrisas y el sentimiento de comunidad, evidenciando que este torneo interno es solo una chispa en el camino hacia grandes logros. Con la meta clara y la pasión reinante, el Club Boccia Fénix Manizales continúa ampliando sus horizontes, comprometido a transformar cada golpe de bola en un paso hacia la inclusión y el reconocimiento que merecen. Una verdadera celebración de habilidad, camaradería y, sobre todo, del inquebrantable espíritu humano.






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