En los 177 años de Manizales, la música se convirtió en un punto de encuentro para compartir en familia, recuperar la sonrisa y abrazarse como ciudad. En Milán, uno de los sectores golpeados por el terremoto del 10 de agosto, un concierto reunió a los habitantes alrededor de las canciones, los recuerdos y la esperanza de volver a empezar. Dos meses después de la tragedia, las voces de quienes vivieron aquel encuentro recuerdan que la solidaridad y el amor por esta tierra siguen siendo más fuertes que la adversidad.
Martín Quintero, habitante del edificio El Mirador, uno de los afectados por el movimiento telúrico, y quien hoy espera reconstruir su vivienda, tiene claro que pese a la adversidad, lo más importante ha sido conservan intacto aquello que ningún terremoto puede derrumbar: el hogar.
Martin recuerda que su vivienda, en el sector de Milán, fue declarado pérdida total, y mientras espera que comience la reconstrucción, agradece la solidaridad recibida y mantiene intactos sus sueños profesionales.

Estaba acompañado de su hija menor, Sofía, estudiante de Arquitectura, cuando la tierra comenzó a estremecerse y las paredes a venirse abajo. En medio del desconcierto, ambos alcanzaron a salir a la calle y quedaron frente a una escena que todavía permanece en su memoria: los muros cayendo, los libros de su hija desprendiéndose de las paredes y el computador y otros elementos de la casa convertidos en escombros. “Fue un cuadro que nos tocará olvidar, porque tenemos que seguir adelante”. Los estudios técnicos determinaron que la estructura del edificio se encuentra en buenas condiciones y que los daños corresponden principalmente a la mampostería y otros elementos que deberán intervenirse.
Preparador físico, hombre de fútbol con experiencia internacional, exintegrante del Once Caldas, y un recorrido ligado a diferentes procesos deportivos, Quintero conoce las exigencias de una profesión que obliga a trabajar con disciplina, paciencia y perseverancia. Sin embargo, nada de lo aprendido en las canchas lo había preparado para enfrentar una situación como esta. Su esposa no se encontraba en casa al momento del evento y su hija mayor, Sara, que vive en Palermo, tampoco resultó afectada. Hoy, mientras esperan una solución para regresar a su vivienda, él y su familia se encuentran en casa de su suegra, a quien agradece por abrirles las puertas en medio de la emergencia. Para Martín, la diferencia entre perder una vivienda y perder un hogar está muy clara: “La gente habla que perdió el hogar, no. Se perdió un apartamento, el hogar sigue. El hogar lo conforman una buena familia como la que tenemos”.
Muchos de los propietarios del sector esperan los resultados de los estudios económicos que adelantan las aseguradoras para establecer cuánto costará reparar sus propiedades. En el proceso han conocido términos y procedimientos que antes les eran ajenos, como el trabajo de los ajustadores contratados por las compañías de seguros y por los propios propietarios para evaluar los daños. La expectativa es que las valoraciones permitan llegar a un acuerdo y dar paso a las obras. Después vendrán el retiro de los muros afectados, las reparaciones y la reconstrucción de los espacios. ¿Cuánto tardará todo?, en el caso de Martín, no lo sabe. Tampoco cuánto tendrá que aportar para recuperar el apartamento. Por ahora, se aferra a la posibilidad de volver a levantarlo y recuperar, poco a poco, la tranquilidad familiar.
La solidaridad
En medio de la incertidumbre, hay algo que Martín destaca con especial gratitud: la solidaridad. Desde la Alcaldía y la Gobernación hasta la Liga de Fútbol de Caldas, amigos, entrenadores, jugadores y personas que se enteraron de su situación, muchos han estado pendientes de su familia. Recuerda especialmente las primeras llamadas del profesor Hernán Darío Herrera y la disposición de quienes, desde el fútbol, se movilizaron para ayudar. También recibió apoyo de personas en Estados Unidos, luego de que su sobrino, el arquero Cristian Bonilla, compartiera lo sucedido con una comunidad que frecuenta. Martín agradece a quienes siguen preguntándole qué necesitan, aunque reconoce que por ahora deben esperar las decisiones sobre la reconstrucción para saber cuáles serán los siguientes pasos. Esa cadena de ayuda le ha permitido comprobar que los lazos humanos pueden convertirse en un soporte fundamental.
Martín conserva un sueño que lo acompaña desde hace años: volver a trabajar con el Once Caldas, equipo en el que jugó, se formó y al que sigue ligado afectivamente como hincha. Reconoce las capacidades del actual grupo de trabajo y espera que el equipo consiga la clasificación, sin perder de vista las posibilidades de luchar por un cupo internacional en el segundo torneo. Por ahora, su prioridad es su familia y el camino que permita recuperar la vivienda.




