La política, muchas veces, se cocina lejos de las tarimas y los micrófonos. En oficinas silenciosas, entre documentos, análisis y estrategias legislativas. Allí pasó buena parte de su vida profesional Laura Camila Donado Mazo, politóloga con énfasis en gobierno y relaciones internacionales, hoy candidata a la Cámara de Representantes por Caldas por el partido Movimiento de Salvación Nacional.
Durante años estuvo detrás de los políticos, no frente a ellos.
“Siempre estuve en una posición muy cómoda: investigando, estudiando, creando contenido para otros”, dice con naturalidad. Su recorrido profesional la llevó por instituciones del Estado que suelen ser escuela para quienes terminan dando el salto a la arena electoral: el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y la Cámara de Representantes de Colombia, donde trabajó tres años y medio como asesora en la Comisión Segunda.

Una candidatura contra el reloj
Donado llegó a la contienda cuando el reloj ya corría. El partido enfrentaba la revocatoria de dos candidaturas y la lista podía caerse por el incumplimiento de la cuota femenina exigida por la ley electoral. Había que reaccionar rápido para no perder el umbral y mantener viva la aspiración política: “Necesitábamos una mujer que ayudara a sostener la lista, mantener los votos y cumplir con la cuota femenina”, explica.
La decisión fue inmediata: aceptar el reto: “Llevo apenas veinte días en campaña”, cuenta, sin dramatismo. Más que recorrer tarimas, dice preferir la conversación directa con la gente, escuchar más que hablar.
La política que se aprende por dentro
A diferencia de muchos candidatos que llegan a la política desde otros sectores, Donado asegura que su ventaja está en conocer el funcionamiento del Congreso desde adentro.
“No todo es presentar proyectos de ley”, explica. “También hay audiencias públicas, mesas técnicas, articulación con entidades. Uno puede mover muchas cosas desde el Congreso si sabe cómo hacerlo”. Esa experiencia, dice, es la que quiere poner al servicio de Caldas.
Su agenda política se mueve en tres líneas que repite como una fórmula sencilla: infraestructura, impulso al campo y estabilidad de la familia. “El campesino no se abandona, se impulsa”, resume.
Una vocación que viene de antes

Hablar con Donado es escuchar a alguien que insiste en que su vocación de servicio no nació en la política electoral. Cuenta que durante su práctica universitaria trabajó con la Asociación de Personas Sordas de Caldas, donde participó en un proyecto para fortalecer la enseñanza del lenguaje de señas colombiano, buscando que las mismas personas sordas pudieran convertirse en docentes. “Logramos conseguir recursos para que ellos pudieran enseñar y capacitar a otros”, recuerda.
También trabajó con víctimas del conflicto armado, escuchando historias de desplazamiento y procesos de retorno familiar.
Hoy, además, apadrina a un niño de cuatro años en condición de pobreza extrema, a través de una fundación internacional: “Lo que uno pueda hacer por alguien, siempre vale la pena”, comenta.
Una mirada crítica de la política
Desde su formación como politóloga y su experiencia institucional, Donado cree que Colombia vive un momento complejo: “Vendrán sorpresas y habrá sorprendidos”, advierte al analizar el panorama electoral.
Le llama la atención la cifra de candidatos inscritos en el país, más de 445 mil, según menciona, y lo interpreta como una señal de que muchos quieren “salvar a Colombia”, aunque no todos estén preparados para hacerlo.
Pero su mayor preocupación no es el número de aspirantes, sino la apatía electoral: “Lo primero que hay que decirle a la gente es que vote. Un voto sí hace la diferencia”.
Para ella, el Congreso que se elegirá es decisivo: “Me atrevería a decir que incluso más importante que la presidencia”, afirma.
Escuchar antes que hablar
Si tuviera que enviar un mensaje a quienes hoy ejercen la política, Donado no duda: “Hay que escuchar”, “uno tiene que entender los problemas, organizarlos, gestionarlos uno por uno. No se puede hacer campañas de cientos de millones sin saber siquiera cómo funciona el cargo al que se aspira”.
Una apuesta en medio de la incertidumbre
Su candidatura se identifica con el símbolo del tigre, emblema del partido Movimiento de Salvación Nacional. Cuando se le pregunta si le teme al “tigre”, sonríe: “No al del partido”, responde entre risas. “A ese me encantaría enfrentarlo trabajando por Colombia”.
Luego aclara: “Al tigre de verdad sí le tendría miedo… ese sí arrasa con todo”.
En medio de una campaña que empezó tarde y corre rápido, Laura Camila Donado intenta hacer lo que dice que mejor sabe: escuchar, analizar y hablar poco. Su apuesta es que la preparación y la experiencia institucional pesen más que el tiempo en la contienda.
Y que, si llega al Congreso, pueda ser, como ella misma lo dice, “los ojos atentos de Caldas”.




