Un creciente malestar se ha generado entre los periodistas deportivos de Manizales debido al trato que, en reiteradas ocasiones, han recibido por parte del Once Caldas. La situación no solo pasa por la ausencia de declaraciones previas a varios partidos, un ejercicio fundamental para garantizar el acceso a la información de una afición que sigue de cerca la actualidad del equipo, sino también por hechos recientes que evidencian desorganización y falta de respeto hacia la labor periodística.
El caso más reciente ocurrió este miércoles, cuando los comunicadores fueron citados a una zona mixta con exigencia de puntualidad, pero tras más de una hora de espera no se contaba con la presencia de jugadores disponibles para atenderlos. A esto se sumó que varios futbolistas que abandonaban el escenario se negaron a ofrecer declaraciones, argumentando compromisos personales. Este tipo de situaciones no solo dificulta el ejercicio informativo, sino que abre espacio a especulaciones innecesarias sobre la interna del equipo, algo que podría evitarse con una comunicación más abierta y oportuna.
Como muestra de inconformidad, un grupo de periodistas decidió retirarse del estadio en señal de protesta, mientras que otros expresaron directamente su preocupación ante el área de prensa del club, señalando que este tipo de hechos no deben repetirse. La inquietud que queda sobre la mesa es clara: si estas situaciones no están siendo controladas desde el departamento de comunicaciones, ¿quién asume esa responsabilidad?
El llamado es respetuoso pero firme: el Once Caldas debe revisar sus protocolos de atención a medios y reconocer el papel fundamental que cumple la prensa como puente entre el equipo y la ciudadanía. Garantizar condiciones adecuadas para el ejercicio periodístico no es un favor, es parte esencial del compromiso con la transparencia, la institucionalidad y el respeto por la afición.
Las otras quejas
A lo anterior se suma una preocupación adicional planteada en la columna Desde El Cable, en este mismo medio de comunicación, donde se cuestiona el orden y la organización en el estadio Palogrande. Allí se advierte que problemáticas como la falta de respeto por la silletería numerada, con aficionados ocupando puestos ajenos sin control efectivo, y la débil respuesta logística, afectan directamente la experiencia del público, generando desorden, incomodidad y desconfianza en el espectáculo. Asimismo, se señala el deterioro en la convivencia dentro de las tribunas, marcado por el uso de lenguaje ofensivo y agresiones verbales, incluso en presencia de familias y niños.
Esta situación refuerza el llamado urgente a que tanto el club como las autoridades adopten correctivos claros que garanticen condiciones dignas para todos los asistentes. El respeto por los espacios asignados, el fortalecimiento de la logística y la promoción de una cultura ciudadana en el estadio no pueden seguir siendo aspectos secundarios. El fútbol, como escenario de encuentro colectivo, debe vivirse con pasión, pero también con orden y respeto.




