Durante tres meses recorrió el sur de España como un maletilla más. Caminó kilómetros bajo el sol, hizo autostop para llegar a las ganaderías y participó en cerca de 25 tentaderos. Todo para confirmar una certeza: pese a las dificultades que vive la tauromaquia en Colombia, no piensa abandonar el sueño de convertirse en torero.
Hay sueños que no entienden de fronteras ni de comodidades. Tampoco de horarios, distancias o sacrificios. El de Sergio comenzó hace años en Manizales y hoy lo ha llevado a recorrer caminos de polvo en Andalucía, a dormir con la ilusión intacta y a levantarse cada mañana dispuesto a caminar kilómetros únicamente por la posibilidad de darle un pase a una becerra.

Ese fue su comienzo en el 2026. Un año que decidió invertir completamente en su formación taurina. Gracias al respaldo del maestro Pedro Castillo, viajó al sur de España y se instaló en Medina Sidonia, un pueblo considerado por muchos como el corazón de la llamada Ruta del Toro. Allí, rodeado de algunas de las ganaderías más importantes del país ibérico, comenzó una experiencia que difícilmente olvidará.
No llegó como figura ni como invitado especial. Llegó como llegan cientos de jóvenes que sueñan con abrirse paso en el mundo del toro: como un maletilla más. Con el capote al hombro, preguntando dónde habría tentadero al día siguiente y recorriendo caminos a pie o haciendo autostop para intentar encontrar una oportunidad.
“Allá existe algo que aquí prácticamente no conocemos: la tapia. Si uno se entera de que hay tentadero, simplemente llega, dice que va de tapia y, si hay espacio, puede torear. En Colombia casi siempre hay que esperar una invitación”, cuenta.
Fue precisamente esa tradición española la que le permitió vivir intensamente aquellos tres meses. Pasó por ganaderías como la de Cebada Gago, la que más cerca le quedaba, allí realizó cerca de 12 tentaderos; también estuvo en La Palmosilla, Torrestrella y varias más de la provincia de Cádiz. Calcula haber participado en cerca de 25 tentaderos, algunos con apenas dos o tres aspirantes y otros compartidos con siete u ocho jóvenes de distintas nacionalidades.

Curiosamente, entre todos ellos solo había un colombiano: él.
Cada jornada significaba un nuevo esfuerzo. Caminatas de diez kilómetros bajo temperaturas cercanas a los 30 grados, horas enteras esperando la oportunidad de entrar al ruedo improvisado de una finca y el regreso, muchas veces, con la satisfacción de haber dado apenas unos cuantos lances.
Pero para Sergio Moreno eso nunca fue una pérdida de tiempo.
Al contrario.
Fue allí donde encontró la respuesta definitiva a la pregunta que tantas veces le han hecho.
“¿Vale la pena tanto sacrificio?”
Su respuesta es inmediata.
“Sí. La conclusión fue que quiero ser torero. Después de todo eso entendí que sigo queriéndolo más que nunca”.
Después de su paso por Andalucía también permaneció una temporada en Madrid y Gerena donde continuó entrenando junto a maestros Uceda Leal, Luis Miguel Castrillón y Jairo Antonio, nombres que han acompañado su crecimiento profesional y personal.
No era la primera experiencia internacional del novillero. El año anterior había permanecido seis meses en México gracias al apoyo del aficionado y apoderado Ramón Arce. Allí toreó varias novilladas, participó en numerosos tentaderos y fortaleció su preparación junto al ganadero Mario Rodríguez, de la ganadería Cerro Gordo.
Cada viaje ha tenido el mismo propósito: seguir creciendo mientras en Colombia las oportunidades escasean.
Moreno reconoce que la situación de la tauromaquia nacional es compleja. Sin embargo, observa con esperanza el nuevo panorama político y confía en que puedan abrirse espacios para defender las tradiciones taurinas dentro del marco legal.
Ve con ilusión la llegada de un nuevo gobierno, “quien llega es no solo amigo de los toros sino de las libertades, que es lo ms importante no solo para nosotros sino para todos”, afirma, pero igual sabe que no todo será ya, “hay que esperar que se instale el nuevo congreso y seguir luchando, porque ya nos juntaron a todos, corralejas, gallos, caballistas, coleo, y entre todos unidos podremos lograr que nuestras tradiciones si se consideren patrimonio cultural y no sea el tema político para conseguir votos”.
Aun así, tiene claro que el futuro no llegará solo.
Por eso ya prepara un nuevo ciclo de entrenamiento en la Costa Caribe, prácticamente el único lugar donde hoy existen tentaderos con cierta regularidad para los jóvenes toreros colombianos.
No pide privilegios.
Solo una oportunidad.
“Estoy dispuesto a torear donde sea, en cualquier plaza, en cualquier país. Lo único que espero es que los empresarios, que en Colombia son muy buenos, puedan ver todo este sacrificio y me tengan en cuenta para la temporada”.
Antes de terminar la conversación hace una pausa. Ya no habla únicamente como novillero. Habla como aficionado y como defensor de una tradición que siente amenazada.
Su mensaje va dirigido a quienes aún ocupan los tendidos.
“Que no les dé miedo decir que son taurinos. Que llenen las plazas y apoyen a los toreros colombianos, porque sin toreros tampoco hay fiesta”.
Y mientras ese llamado encuentra eco, Sergio Moreno seguirá haciendo lo único que sabe hacer cuando las puertas parecen cerrarse: caminar, tocar otra tapia y esperar que al otro lado vuelva a aparecer un toro que le permita seguir alimentando el sueño de convertirse, algún día, en figura del toreo.




