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sábado, 25 abril 2026 / Published in Elecciones 2026, Política

Educar en medio de la desigualdad: tres voces que retratan la realidad del sistema educativo en Colombia

En un diálogo abierto con Sergio Fajardo y Edna Bonilla, tres voces, una maestra rural, un profesor de escuela y un estudiante universitario, dibujaron un mismo paisaje desde distintos lugares: el de una educación que resiste, pero que sigue cargando profundas deudas estructurales. Sus historias, lejos de ser aisladas, se entrelazan en una narrativa común donde enseñar, aprender y sostenerse implican mucho más que vocación.

La historia de Jessica Zapata en la ruralidad de Caldas

En una escuela rural de Caldas, donde el trayecto puede tomar horas entre caballo, moto o caminos a pie, la profesora Jessica Joana Zapata ha construido durante 14 años mucho más que un espacio de aprendizaje: ha tejido comunidad. En el diálogo con Sergio y Edna, su voz puso en evidencia la realidad de los docentes rurales que trabajan en aulas multigrado, atendiendo a niños de diferentes edades y niveles al mismo tiempo. En ese contexto, el modelo de Escuela Nueva surge como una respuesta a la dispersión y a la falta de infraestructura, logrando que muchos estudiantes desarrollen habilidades incluso superiores a las del esquema tradicional. Sin embargo, Jessica fue clara al señalar que aún hay deudas profundas, especialmente en la educación inicial, donde las exigencias superan la capacidad instalada y los recursos disponibles.

Su historia refleja una vocación que trasciende el aula. Licenciada en artes escénicas, eligió la docencia como camino para transformar realidades, enfrentando diariamente limitaciones materiales que muchas veces obligan a los maestros a poner de su propio bolsillo para garantizar que sus estudiantes tengan lo necesario. Ese gesto, frecuente pero poco visible, fue resaltado también durante el encuentro como una muestra del compromiso del magisterio. A pesar de las dificultades, Jessica encuentra sentido en el progreso de sus estudiantes y en el vínculo con la comunidad. En sintonía, Fajardo y Bonilla insistieron en la necesidad de fortalecer la financiación, dignificar la labor docente y construir políticas educativas desde el territorio. Escuchar a maestras como Jessica no solo revela las brechas existentes, sino que abre el camino para una educación más justa, conectada con la realidad rural y con verdaderas oportunidades de transformación.

La dura realidad escolar que narra un maestro

En el diálogo sobre educación con Sergio Fajardo y Edna Bonilla, la voz del profesor Víctor Acosta irrumpió sin rodeos, con la fuerza de quien ha vivido la escuela desde adentro y en distintos rincones del país. Tenía una anécdota que no necesitaba adornos: antes de las siete de la mañana, en la institución educativa de Pueblo Rico, un niño llegó quince minutos temprano a la sala de profesores para hacer una pregunta que pesa más que cualquier cifra: “Profe, ¿me puede adelantar el refrigerio? No comí nada en la casa”. Ese episodio, dijo, no es excepcional, es cotidiano. Es la cara más cruda de un sistema de alimentación escolar que no alcanza, que obliga a maestros a tomar decisiones imposibles: elegir a cuáles estudiantes darles un alimento cuando no hay para todos. “Esos sí son los verdaderos juegos del hambre”, resumió, dejando en evidencia una realidad que se repite con mayor dureza en la ruralidad, donde el complemento alimentario depende incluso de si la institución entra o no en jornada única.

Víctor, de 40 años, ha recorrido territorios tan diversos como Leticia, Villavicencio, Paratebueno y Guatavita, antes de regresar a Caldas. Su vocación nació de un libro, pero se ha sostenido en la experiencia directa con comunidades que enfrentan múltiples carencias: escuelas que desaparecen, sedes rurales que se reducen, estudiantes que viajan en condiciones precarias y maestros que han perdido incluso incentivos como la bonificación por zonas de difícil acceso. A eso se suma una realidad silenciosa: muchos docentes terminan poniendo dinero de su propio bolsillo para suplir lo que el sistema no garantiza. En ese contexto, su llamado fue claro: más que promesas, se necesita diálogo real con las comunidades educativas, financiación suficiente y una lucha frontal contra la corrupción que ha golpeado programas clave como la alimentación escolar. Su testimonio no solo expone las fallas, también plantea una urgencia: que la educación deje de depender del sacrificio individual y se convierta, por fin, en una responsabilidad colectiva asumida con seriedad.

Estudiar y sobrevivir: la lucha silenciosa de un universitario

En el auditorio, entre decenas de voces, la de Juan David Mejía no sonó más fuerte, pero sí más urgente. Llegó a Manizales hace apenas un año, solo y sin dinero, cargando una historia que cruza fronteras: de Ecuador a Cartagena y luego a la Universidad de Caldas, donde hoy estudia Derecho. Su relato no es excepcional, es compartido. Lo dijo sin rodeos: en una universidad donde el 96% de los estudiantes pertenece a estratos 1, 2 y 3, estudiar casi nunca es la única tarea. Trabajar, y a veces en dos empleos, como él, es la condición para sostenerse. Detrás de cada clase hay jornadas dobles, cuentas por pagar y decisiones difíciles. Y detrás de cada estudiante, una pregunta que incomoda: ¿qué hace el Estado para garantizar que quienes logran entrar a la universidad también puedan mantenerse y graduarse?

Pero su inquietud fue más allá de la supervivencia diaria. Juan David puso sobre la mesa una preocupación estructural: la desconexión entre lo que se estudia y lo que el país necesita. En una Colombia saturada de abogados, donde muchos terminan mal remunerados o fuera de su campo, cuestionó la falta de planificación en la educación superior. Eligió Derecho no por inercia, sino por la posibilidad de comprender y transformar la sociedad, aunque en el camino haya descubierto las tensiones de un mercado laboral incierto. En el diálogo, Fajardo y Bonilla recogieron el guante: hablaron de la urgencia de ampliar el bienestar universitario, alimentación, transporte, apoyos reales, y de articular la educación con el desarrollo productivo del país. La crónica de Juan David no es solo la historia de un estudiante foráneo; es el reflejo de una generación que estudia, trabaja y resiste, mientras espera que la educación deje de ser una carrera de obstáculos y se convierta, de verdad, en un camino hacia la libertad.

Al final del diálogo, las voces de Jessica, Víctor y Juan David dejan una misma certeza: la educación en Colombia no se entiende desde la distancia de las cifras, sino desde la cotidianidad de quienes la sostienen, la viven y la padecen. Entre caminos rurales, aulas multigrado, refrigerios insuficientes y estudiantes que trabajan para poder estudiar, se revela un sistema que aún depende demasiado del esfuerzo individual y muy poco de garantías estructurales. Sin embargo, también emerge una fuerza común: la convicción de que la educación puede ser el camino para transformar realidades, siempre que el país asuma con seriedad lo que estas historias exigen, más financiación, más equidad y decisiones construidas desde la experiencia real de las comunidades educativas.

Tagged under: Elecciones Presidenciales 2026, Sergio Fajardo Valderrama

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