En menos de un año, cuatro concejales elegidos por los manizaleños dejaron sus curules para asumir otros proyectos políticos. Aunque la ley permite el relevo por el siguiente en la lista, en la ciudad crece la sensación de que quienes depositaron su confianza en las urnas terminaron viendo como el mandato popular tomó un rumbo distinto al que respaldaron.

Las elecciones son, en esencia, un pacto de confianza entre los ciudadanos y quienes aspiran a representarlos. Por eso, las cuatro renuncias registradas este año en el Concejo de Manizales han despertado un intenso debate sobre el verdadero compromiso de algunos dirigentes con los electores que los llevaron al cargo.
Cuatro renuncias, cuatro reemplazos
La primera en dejar su curul fue Paula Toro Santana, quien llegó al Concejo gracias al Estatuto de la Oposición con el movimiento Una Ciudad para Todos, respaldada por 22.465 votos. Su reemplazo fue Juan Sebastián Giraldo, de Colombia Renaciente, quien llegó por cifra repartidora. Posteriormente renunció Juan Camilo Muñoz, elegido por el Nuevo Liberalismo con 1.990 votos, siendo sustituido por Jhon Hemayr Yepes.
La lista continuó con Manuela Rodríguez, del Partido Conservador, quien había obtenido 3.863 votos, en lista para reemplazarlo está el actual Secretario TIC Daniel Toro Rendón o en su defecto Jhon Jairo Noreña, líder comunitario, y recientemente con Julián Andrés Osorio Toro, del movimiento En Marcha, elegido con 2.356 sufragios. En su lugar llegaría Daniel Eduardo Arboleda Vásquez, actual gerente de la Galería de Manizales, quien alcanzó 1.364 votos en las pasadas elecciones.
Más que un cambio
Más allá de que los reemplazos estén contemplados dentro de las reglas democráticas, el fenómeno ha generado incomodidad en diferentes sectores de la ciudad. No es habitual que en un mismo periodo cuatro concejales abandonen la corporación, y menos cuando todas las salidas terminan relacionadas con nuevos cargos, proyectos políticos o cambios de rumbo que nunca hicieron parte del mandato presentado a los ciudadanos durante la campaña.
Paula Toro, quien fue candidata independiente a la Alcaldía, terminó siendo candidata a la Cámara por la ASI, con un grupo liderado por el lizcanismo. Juan Camilo Muñoz pasó del Nuevo Liberalismo al Pacto Histórico, se retiró para colaborar con la campaña de Iván Cepeda a la presidencia. Manuela Rodríguez, del Partido Conservador, integrará la UTL de Mateo Hidalgo del Centro Democrático, y finalmente Julián Andrés Osorio, del movimiento En Marcha, pasará a Defensores De La Patria.
¿Y el compromiso con los electores?
Quienes votaron por estos candidatos no solo respaldaron un nombre, sino también unas propuestas, una visión de ciudad y el compromiso de ejercer el control político desde el Concejo durante cuatro años. Hoy muchos de esos electores pueden sentir que ese contrato de confianza quedó inconcluso.
La pregunta que queda sobre la mesa es inevitable: ¿debería normalizarse que un candidato solicite el voto para ocupar una curul y pocos meses después la abandone para asumir otro destino? La ley lo permite, pero el debate es ético y político. En una época en la que la ciudadanía reclama mayor credibilidad en sus dirigentes, cada renuncia deja una sensación difícil de ignorar: la de quienes creyeron en un proyecto, acudieron a las urnas y terminaron viendo como la representación por la que votaron cambió de protagonista antes de tiempo.



