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domingo, 25 octubre 2026 / Published in Deporte, Liga BetPlay II 2026, Once Caldas

El fútbol no puede ser una excusa para la violencia

Por: Germán Mejía Gallo

La agresión al expresidente del Once Caldas, Tulio Mario Castrillón Tobón, los ataques contra periodistas y las peleas entre jugadores y logística en la zona mixta del Palogrande durante el clásico regional, encienden nuevamente las alarmas sobre el comportamiento de quienes confunden la pasión por el fútbol con el derecho a insultar, intimidar y agredir. El estadio debe ser un espacio para la convivencia, no un escenario de confrontación.

El clásico entre Once Caldas y Deportivo Pereira, disputado en el estadio Palogrande de Manizales, dejó una preocupación que va mucho más allá del resultado deportivo. Las agresiones denunciadas contra Tulio Mario Castrillón y contra periodistas deportivos asociados a Acord Risaralda ponen sobre la mesa una realidad que el fútbol colombiano no puede seguir tolerando: la violencia que se alimenta de la intolerancia, los insultos y la incapacidad de aceptar las diferencias.

Los comunicados de la Corporación Deportiva Once Caldas, la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) y Acord Risaralda coinciden en un mensaje fundamental: ninguna inconformidad justifica una agresión. El respeto por la integridad de las personas debe estar por encima de cualquier rivalidad, resultado, discusión o diferencia de opinión. Por eso, las autoridades deben esclarecer lo ocurrido, identificar a los responsables y adoptar las medidas correspondientes, con las garantías que establece la ley.

Pero la reflexión no puede limitarse a condenar los hechos una vez ocurridos. Es necesario llamar la atención sobre quienes acuden a los estadios con la intención de provocar, generar enfrentamientos y convertir las tribunas en espacios de hostilidad. Las pancartas ofensivas, los cánticos que buscan humillar al rival y los insultos dirigidos a jugadores, cuerpos técnicos, directivos y aficionados no son expresiones legítimas de pasión deportiva cuando su propósito es incitar al odio y alimentar la confrontación. La libertad de expresión no puede convertirse en una licencia para agredir ni para poner en riesgo la convivencia.

Quienes promueven estas conductas deben entender que sus provocaciones no se quedan necesariamente en las graderías. En un ambiente cargado de insultos y hostilidad, las tensiones pueden trasladarse al terreno de juego, a los bancos técnicos, a los pasillos y a las afueras de los escenarios deportivos. Las reacciones desmedidas de algunos protagonistas, dentro o fuera de la cancha, tampoco se justifican por las provocaciones recibidas: los protagonistas del espectáculo tienen la responsabilidad de actuar con mesura. La provocación no exime de responsabilidad a quien responde con violencia.

Especial preocupación merece la agresión contra los periodistas, cuya labor consiste en informar, analizar y ejercer el derecho a la crítica. Ningún comunicador debería temer por su integridad mientras cumple su trabajo, ni un directivo o un aficionado tendría que exponerse a una agresión por sus opiniones, sus decisiones o los colores que representa. La seguridad en los estadios y sus alrededores no puede depender de la suerte ni de la capacidad de cada persona para evitar a quienes buscan confrontación. Los organizadores, las autoridades y los organismos del fútbol deben revisar los protocolos y actuar para prevenir nuevos episodios.

La responsabilidad también recae sobre los clubes, las barras, los organismos deportivos y cada uno de los asistentes. No basta con publicar comunicados de rechazo después de cada incidente: se requieren prevención, controles efectivos, identificación de los agresores y sanciones cuando haya lugar. Las barras deben demostrar que su capacidad de convocatoria puede estar al servicio del aliento y la identidad de sus equipos, no de la intimidación. Y los aficionados tienen que comprender que defender sus colores no significa atacar a quien viste otros.

El fútbol es una expresión de identidad que reúne a familias, amigos y comunidades enteras alrededor de una camiseta. Precisamente por eso, no puede permitirse que unos pocos conviertan el espectáculo en una amenaza para los demás. Ganar no da derecho a humillar; perder no autoriza a agredir; discrepar no significa convertirse en enemigo.

Lo ocurrido después del clásico entre Once Caldas y Deportivo Pereira debe ser un llamado de atención para todo el fútbol colombiano. La pasión se demuestra alentando, no amenazando; la rivalidad se vive compitiendo, no agrediendo; y el respeto por el adversario es tan importante como el amor por la propia camiseta.

Tagged under: Liga BetPlay II 2026, Once Caldas

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