Un día cualquiera, mientras Manizales despierta con su ritmo habitual, en el Bosque Popular se viven escenas poco comunes para muchos: hombres, jóvenes y niños caminan con palos de golf al hombro, se saludan, se turnan, cuidan el terreno y juegan. No hay taquillas, no hay cuotas obligatorias, no hay barreras. Solo golf.
Miguel Naranjo lo cuenta con la tranquilidad de quien ha visto crecer algo desde la semilla. Socio del Club Campestre de Manizales y golfista desde los 13 años, recuerda que hace más de una década surgió una idea sencilla pero poderosa: crear un espacio donde el golf pudiera practicarse sin exclusiones. Un lugar para quienes no tenían la posibilidad de entrar a un club privado, para acercar el deporte “un poquito más lejito”, popularizarlo y abrirlo a todos.
“Más que un deporte, el golf es como la vida misma”, dice. Y no lo dice a la ligera. En el golf, explica, “se aprende respeto, honestidad, cortesía, ética, responsabilidad y disciplina. Valores que no se gritan, se practican”. Por eso la idea no era solo hacer hoyos, sino construir un espacio donde cualquier persona pudiera aprenderlos.

El proyecto comenzó hace unos 12 años, con el apoyo de socios del Club Campestre y habitantes del sector. Se ayudó a pensar el trazado, la organización, la lógica del campo. Luego, la familia del profesor Luis Fernando Zapata —a quien todos llaman con cariño “Chilgueche”, asumió el compromiso más grande: convertir ese sueño en realidad. Así nació el Club Bicentenario.
Con esfuerzo comunitario llegaron las máquinas, la delimitación del terreno, la construcción de los greens. Más tarde se sumó el Club del Bosque Popular y, en lugar de competir, ambos decidieron unir fuerzas. El resultado fue un crecimiento inesperado: hoy llegan jugadores de Pereira, de otros municipios, de todas partes. Un lunes o un martes cualquiera pueden encontrarse fácilmente 30 personas jugando golf.
Y lo más sorprendente: es gratis.
Aquí no hay tarifas fijas. El acceso es libre. Quien quiera, aporta voluntariamente. Los más cercanos colaboran para el mantenimiento, para quienes cuidan los greens y sostienen el espacio. Pero nadie se queda por fuera por no tener dinero.
En Colombia, lo dice Miguel Ángel Amézquita quien viene desde El Club Santa Bárbara de Pereira, “no existe otro campo de golf así. Hay clubes públicos, sí, pero siempre con algún tipo de pago. Este no. Este pertenece al municipio de Manizales y hace parte de su estructura ecológica principal”.
Esa condición lo hace único a nivel nacional. No solo por el deporte, sino por lo que representa: convivencia. El Bosque Popular sigue siendo lo que siempre ha sido. Allí conviven el golf, el tenis, el ciclismo, el motociclismo, la natación, la piscina, múltiples disciplinas compartiendo un mismo espacio sin invadirse. Un ejemplo de ciudad, un ejemplo de respeto.
“Pero quizá el mayor orgullo”, dice Amézquita, “es saber que de este lugar ya salió un campeón: Tomás Restrepo. Un nombre que hoy motiva a mantener vivo el proyecto, porque demuestra que un niño que llega a aprender aquí, sin pagar un peso, puede llegar tan lejos como quiera”.
El golf, insisten, no es solo competencia. Es un reto personal. En este deporte no hay árbitro: cada jugador es su propio juez, marca su tarjeta, reconoce sus errores y se penaliza a sí mismo. La honestidad no es opcional, es la regla. El respeto por los demás y por el campo es parte del juego. Aquí no se maltrata el terreno, se cuida.
Por eso este espacio no es solo un campo de golf. Es una escuela silenciosa de principios y valores. Un lugar donde se forma carácter, donde se aprende a mejorar cada día, donde ganar no siempre es vencer al otro, sino superarse a uno mismo.
En medio del Bosque Popular, Manizales guarda un tesoro sencillo y poderoso: un deporte históricamente excluyente convertido en una experiencia abierta, comunitaria y profundamente humana. Un ejemplo que, como dicen quienes lo viven, otros dirigentes y ciudades del país deberían mirar con atención.
Un campo abierto entre árboles
El mini campo de golf abierto al público, gratuito y pensado para todos. No es un club cerrado ni un privilegio exclusivo. Es un par tres de nueve hoyos que funciona gracias a una alianza silenciosa entre la comunidad, los clubes y la institucionalidad.
El proyecto se sostiene con el respaldo de la Alcaldía de Manizales y la Promotora de Eventos. Juntos han permitido que este pequeño campo exista como un espacio público real, donde cualquiera que desee acercarse al golf puede hacerlo sin pagar absolutamente nada por entrar y jugar.
Actualmente, el campo es acompañado por dos clubes que lo dinamizan y ayudan a su mantenimiento. Por un lado está el Club del Bosque Popular, que funciona bajo un esquema de socios y cobra una mensualidad cercana a los 50 mil pesos. Ese aporte se destina principalmente al mantenimiento del campo: el cuidado de los greens, los tees y el uso de maquinaria necesaria para conservar el terreno en buen estado.
Por otro lado está el Club Bicentenario, un club con una filosofía distinta. Este fue creado por el profesor Luis Fernando Zapata, referente del golf en Manizales y principal impulsor del campo de nueve hoyos. Desde su origen, el Bicentenario se planteó como un club sin cobro obligatorio, alineado con la recomendación de la Secretaría del Deporte: no cobrar por la permanencia ni el uso del espacio, sino dejar a voluntad de los jugadores los aportes para el mantenimiento.
Quien no quiera pertenecer a ninguno de los dos clubes también puede hacerlo. Basta con acercarse a la Promotora y manifestar el interés de practicar golf sin afiliación. Allí se realiza una inscripción sencilla, necesaria para quedar cubierto por una póliza, requisito indispensable para el uso del espacio. Con eso, la persona puede venir, practicar y disfrutar del campo sin más trámites.
Así funciona este pequeño pero significativo escenario deportivo: un campo sencillo, dos clubes con visiones distintas pero complementarias, y una idea central que se mantiene intacta —que el golf sea accesible, público y posible para todos—. Entre árboles, caminantes y deportistas de todas las disciplinas, el golf encontró en el Bosque Popular un lugar donde no se excluye, se comparte.




