A los 33 años, Fredy Quintero pasó de alentar al Once Caldas desde la tribuna de Holocausto Norte a escribir una de las páginas más importantes del fútbol juvenil del departamento. El título nacional Sub-19 de la Selección Caldas no solo premió un proceso deportivo; también confirmó que los sueños construidos con paciencia, trabajo y pasión terminan encontrando recompensa.

Cuando Fredy Quintero habla de fútbol, lo hace con la misma emoción de aquel niño que comenzó a jugar en las canchas de La Carola. No es un entrenador improvisado ni un éxito de un solo día. Detrás del reciente campeonato nacional Sub-19 hay más de quince años de formación, de recorrer escenarios deportivos, de trabajar con niños y jóvenes, de estudiar y de creer que el fútbol es mucho más que un resultado. Desde 2011 lidera procesos deportivos con Holocausto Norte Fútbol Club y desde 2018 hace parte de las selecciones Caldas. El título, asegura, es el premio a una larga siembra.
Una familia
Su historia tiene un ingrediente especial: es hincha de Holocausto Norte desde 2006. Lleva con orgullo la camiseta de la barra y nunca ha escondido que su gran sueño es dirigir algún día al Once Caldas. Ese anhelo, lejos de convertirse en una ilusión lejana, hoy parece mucho más cercano. El campeonato nacional abrió puertas y puso su nombre en el panorama del fútbol colombiano, aunque él mantiene los pies sobre la tierra y sigue convencido de que la preparación académica será el camino para llegar más lejos. En agosto iniciará la licencia B como entrenador, un paso más en una carrera que apenas comienza.

Quintero, casado con Natalia Herrera, con quien tiene 3 hijos, Samuel, Luciana y Martina, insiste en que este título jamás tendrá un solo dueño. Cada vez que recuerda la campaña menciona a quienes caminaron junto a él: Luis Manuel Quiñones, el histórico Juan Carlos Henao, Carlos “La Fiera” Gutiérrez, el preparador físico Martín Quintero, el fisioterapeuta Jairo Gaitán y el delegado Josué Serna. Un cuerpo técnico experimentado que respaldó al entrenador más joven del grupo y que le permitió consolidar un proyecto que venía creciendo desde la categoría Sub-17, cuando estuvieron a un paso de disputar la final nacional.
Un estilo de juego
Su filosofía futbolística también quedó reflejada en la cancha. Le gusta el fútbol de posesión, la intensidad con y sin balón y el equilibrio colectivo. Sin embargo, asegura que el mayor triunfo estuvo en el manejo del grupo. Los 28 jugadores inscritos representaban distintas realidades: quince pertenecían al Once Caldas y el resto provenían de clubes afiliados a la Liga Caldense; dieciocho eran nacidos en el departamento y diez llegaron desde otras regiones. Integrar ese grupo, convertirlo en una familia y convencerlo de perseguir un mismo objetivo fue, según él, el verdadero desafío.

Y ese objetivo tuvo nombre desde el primer entrenamiento: ser campeones. No fue una frase de ocasión. Fredy recuerda que desde el primer día les dijo a sus jugadores que levantarían el trofeo. Lo visualizaron, lo declararon y lo pusieron en manos de Dios. Esa convicción terminó convirtiéndose en el motor de una campaña inolvidable. Cuando llegó el pitazo final y el título fue una realidad, las lágrimas aparecieron sin pedir permiso. “Quedamos para la historia”, dice con la satisfacción de quien entiende la magnitud de lo conseguido.
Un día para el recuerdo
El destino quiso, además, regalarle un símbolo inolvidable. La consagración llegó un primero de julio, fecha sagrada para los hinchas del Once Caldas por el recuerdo de la conquista de la Copa Libertadores. Para un integrante de Holocausto Norte, alcanzar el campeonato precisamente ese día fue un detalle que, según reconoce, hace todavía más especial el logro.
Su formación como licenciado en Educación Física de la Universidad de Caldas, su experiencia en la Secretaría del Deporte de Manizales, en instituciones educativas y, especialmente, el trabajo realizado con jóvenes en fundaciones como Niños de los Andes y Semillas de Amor, moldearon un entrenador que entiende que dirigir no consiste únicamente en ordenar tácticamente un equipo. Para él, liderar significa escuchar, formar personas y acompañar procesos de vida antes que carreras deportivas.
Hoy, mientras los muchachos campeones lo saludan con afecto en cada escenario deportivo, Fredy Quintero sigue siendo el mismo joven sencillo de La Carola que un día soñó con hacer historia. Solo que ahora ya no es un sueño. Su nombre quedó grabado entre los técnicos que le entregaron un título nacional al fútbol de Caldas. Y quizá, como él mismo lo espera, este apenas sea el primer capítulo de una historia que algún día pueda continuar desde el banco técnico del Once Caldas.




