Fotos Once Caldas
En el camerino, antes de que ruede la pelota, ya hay una promesa susurrada al oído de su esposa: “voy por dos, mínimo uno”. En la cancha, en cambio, hay otra promesa que no necesita palabras: ser la primera defensa del equipo, morder arriba, correr 50 metros hacia atrás si hace falta y 100 hacia adelante si el goleador histórico lo necesita. Así juega Jefry Zapata, así vive el fútbol en el Once Caldas: con la piel erizada y la convicción intacta.

El arranque de liga lo encuentra sonriente. “El equipo está bien, hemos hecho un trabajo correcto”, dice, pero lo suyo no es la frase hecha sino el detalle. Aparece en las estadísticas como uno de los delanteros que más balones recupera y no le sorprende: el técnico quiere atacantes que sean la primera línea de presión. Zapata lo asumió como bandera. Si el balón se pierde, su ímpetu es ir a buscarlo. Esa vocación de sacrificio le ha dado una nueva dimensión a su juego, una madurez que él mismo reconoce tras superar lesiones que le quitaron ritmo y continuidad.
Hubo días grises. Una oferta que no prosperó, rumores que lo ponían lejos de Manizales, voces que insinuaban incomodidades. Él responde con serenidad: tiene contrato hasta 2028, presentó la propuesta y dejó la decisión en manos del club. Nunca dejó de entrenar, nunca dejó de competir. “No voy a negar una gota de sudor”, repite. Y mientras algunos dudaban, él hacía goles en Valledupar y generaba opciones ante Junior, aun cuando la puntería no siempre acompañó. La cabeza, asegura, nunca se le fue del escudo.
También está el Zapata visceral, el que se enfada cuando lo cambian porque había soñado con un triplete. Se llenó de frustración tras fallar dos opciones claras antes de salir, pidió disculpas al cuerpo técnico y al grupo, y entendió que sentir rabia también es una forma de amar el juego. Minutos después, fue capaz de recorrer 100 metros para celebrar con Dayro Moreno. A Dairo lo regaña en broma por no subir a redes una asistencia desperdiciada, pero en el fondo lo admira: “es una máquina, un animal”, dice, y reconoce que mucho de lo que hoy es se lo debe al goleador.

En casa, entre cólicos del hijo recién nacido y noches cortas, se fijan metas familiares: pelear el botín de oro y, sobre todo, el título. En el grupo la consigna es clara: primero meterse a los ocho, luego ir por todo. Zapata lo resume sin rodeos: hay una obligación de ganar algo, de dejar de rozar la gloria y abrazarla de una vez. Y si para lograrlo hay que prometer dos goles, pedir perdón por la rabia o correr 100 metros para fundirse en un abrazo, él lo hará. Porque este Jefry, el que madura, presiona y sueña en grande, no negocia ni el esfuerzo ni la fe.
Hoy en la Liga BetPlay I 2026, Zapata lleva 5 goles en el torneo y prepara su artillería par el juego de este Viernes ante el Cali en el estadio de los azucareros.




