Por Germán Mejía Gallo
Foto Once Caldas
Hoy muchos solo recuerdan los últimos resultados de Hernán Darío Herrera con el Once Caldas. Es la ingratitud de la inmediatez, alimentada en parte por la forma como desde algunos medios y sectores de la afición, han manejado el trabajo y los resultados del técnico paisa, quien estuvo vinculado durante los últimos tres años al equipo de Manizales. Herrera llegó inicialmente como asistente de Pedro Sarmiento y posteriormente asumió la responsabilidad de orientar al conjunto blanco, al que recibió cuando el fantasma del descenso rondaba con fuerza y existía el temor de que por primera vez en su historia, el equipo caldense abandonara la primera división.
Con el trabajo de Herrera y su grupo de colaboradores, el Once Caldas logró salir de esa pesadilla y se convirtió nuevamente en un equipo competitivo. Después de varios años sin conseguirlo, el conjunto manizaleño regresó a los cuadrangulares semifinales y logró clasificarse durante varios campeonatos consecutivos. Más adelante llegó uno de los mayores logros de este proceso: la participación internacional en la Copa Sudamericana, alcanzada después de eliminar a Millonarios en el Palogrande, para instalarse en la fase de grupos, donde enfrentó a Fluminense de Brasil, Unión Española de Chile, Gualberto Villarroel de Bolivia; luego en octavos dejó en el camino al San Antonio Bulo Bulo de Bolivia y al Huracán de Argentina, antes de avanzar hasta los cuartos de final. Allí quedó eliminado frente a Independiente del Valle en los cobros desde el punto penal.
Aquella participación internacional no solo devolvió al Once Caldas reconocimiento nacional e internacional, sino que también representó ingresos cercanos a los 14.000 millones de pesos al Once, y dejó al goleador del torneo, Dayro Moreno con 10 anotaciones.
Es cierto que en la última etapa los resultados no acompañaron y aunque el equipo tenía argumentos futbolísticos, muchas veces no encontró la eficacia necesaria frente al arco contrario. Esa crisis terminó provocando la salida de Herrera, una decisión que puede discutirse desde lo deportivo, pero que no debería borrar lo que consiguió durante su paso por Manizales.
Por todo lo anterior, cuesta entender el trato que algunos sectores de la tribuna y de la prensa le han dado a un técnico que con aciertos y errores, normales en cualquier proceso deportivo, aportó su conocimiento y experiencia para recuperar competitividad en un equipo que venía seriamente comprometido con el descenso.
Hoy, incluso después de su salida, el equipo sigue dependiendo de sus propios resultados para alcanzar el objetivo de avanzar a la siguiente fase. Por eso, más allá de las diferencias que puedan existir frente a sus decisiones o a sus últimos resultados, es justo mirar el proceso en su conjunto y reconocer lo que Herrera aportó al club, porque la memoria corta del fútbol no debería borrar tan fácilmente lo que se consiguió durante estos tres años.




