Hay una realidad que pocas veces se dice en voz alta: cuidar a alguien, un padre enfermo, un hijo con discapacidad, un adulto mayor dependiente, puede convertirse en una tarea de tiempo completo, sin descansos y, muchas veces, sin apoyo. En Manizales, esa carga silenciosa empieza a encontrar un lugar propio.
Se trata de “Tiempo para mí”, una apuesta que busca algo tan básico como inusual: que quienes cuidan también tengan la posibilidad de parar, respirar y pensar en sí mismos. La iniciativa, impulsada desde el liderazgo social de Juliana Londoño Villa, pone el foco en esas personas que han dejado su rutina, su tiempo y, en muchos casos, su bienestar personal, por atender a otros.
“Esto no es solo un espacio para descansar. Es una forma de reconocer una labor que históricamente ha sido invisible”, explica Londoño Villa, al referirse a los llamados Clubes del Cuidado, uno de los ejes centrales del programa.
Estos clubes funcionarán como puntos de encuentro donde, más que actividades, se busca construir comunidad. Habrá clases de yoga, acompañamiento emocional, procesos de formación y, sobre todo, espacios para hablar con otros que viven realidades similares. Porque, como coinciden varias voces dentro del proceso, el desgaste no es solo físico: también pasa por la mente y las emociones.
La iniciativa proyecta impactar a cerca de 700 personas cuidadoras en la ciudad, con sedes ubicadas en sectores como la Ciudadela del Norte, San José y la Casa para la Dignidad de las Mujeres. Sin embargo, la meta va más allá de las cifras. La idea es tejer redes, generar apoyo mutuo y, en el camino, aliviar una carga que muchas veces se asume en soledad.
Otro punto clave es que no se trata de un programa cerrado. Cualquier persona que esté al cuidado de alguien puede acercarse. “No importa si ya hacen parte del sistema o no. Aquí caben todos los que tengan esa responsabilidad en sus manos”, señala la gestora social, dejando claro que el acceso será flexible y abierto.
Además, el programa no llega solo. Hace parte de una estructura más amplia que incluye alternativas como relevos en el cuidado, procesos de formación e incluso apoyos prácticos para la vida diaria. Todo pensado para que el cuidado no recaiga siempre en una sola persona.
La apuesta también mira hacia lo rural. Ya hay equipos trabajando en zonas como Morrogordo, con la intención de que estos espacios lleguen a más territorios y no se queden únicamente en el área urbana.
En el fondo, lo que plantea “Tiempo para mí” es un cambio de mirada: entender que detrás de cada persona que necesita cuidado, casi siempre hay otra que también lo necesita. Y que sostener a quienes cuidan no es un gesto simbólico, sino una necesidad urgente.




