Antes que cifras o políticas públicas, el cuidado tiene el rostro de miles de personas que cada día dejan en pausa sus propios sueños para sostener la vida de otros. Esa fue la reflexión que marcó el Primer Encuentro Regional del Cuidado en Manizales, donde la ciudad volvió la mirada hacia quienes dedican sus días a atender niños, adultos mayores, personas enfermas o familiares dependientes, una labor silenciosa que durante décadas ha permanecido invisible y, en la mayoría de los casos, sin remuneración. Para la secretaria de las Mujeres y Equidad de Género, Gladys Galeano, el envejecimiento de la población convierte este desafío en una prioridad que ya toca las puertas de todos los hogares.
El encuentro sirvió para reafirmar que el Sistema Municipal del Cuidado no nació como un acto de solidaridad, sino como una apuesta por la justicia social. La Administración Municipal busca que el reconocimiento a las personas cuidadoras se convierta en una política pública permanente, apoyada por el Estado, la academia y diferentes organizaciones. La meta también apunta a cambiar la cultura dentro de las familias, para que el cuidado deje de recaer sobre una sola persona y se convierta en una responsabilidad compartida.
Las cifras explican por qué el reto es tan grande. De las 1.633 personas caracterizadas por el Sistema Municipal del Cuidado, el 92 % son mujeres, quienes dedican en promedio 12 horas diarias a estas labores, mientras los hombres apenas alcanzan tres. Esa desigualdad refleja una deuda histórica que, según Galeano, solo podrá empezar a saldarse cuando la sociedad reconozca el valor económico y humano del trabajo de cuidar, y comprenda que sostener una familia también es una forma de construir ciudad.
La gestora social de Manizales, Juliana Londoño, destacó que programas como Cuidando al Cuidador, Relevos y Tiempo para Mí buscan devolver oportunidades a quienes han entregado su tiempo a los demás. Además de brindar formación, certificación y apoyos económicos, el sistema pretende facilitar la inserción laboral de los cuidadores y consolidar a Manizales como un referente nacional en políticas de bienestar y corresponsabilidad.
Ese propósito cobra sentido en la historia de Lorena Roncancio. Durante años dedicó su vida al cuidado de su madre, María Amparo, dejando de lado sus propios proyectos. Hoy, gracias al programa Relevos, otra cuidadora formada por el mismo sistema acompaña a su madre mientras ella estudia y fortalece sus conocimientos en el programa Formar para Cuidar. Es una cadena de solidaridad que demuestra que cuidar también puede significar volver a soñar. Porque detrás de cada persona cuidadora hay una historia de amor, pero también una vida que merece tiempo, oportunidades y reconocimiento.




