Por Esteban Jaramillo Osorio
El balón en el fútbol es el instrumento para la alegría y no el camino para el desengaño. Así lo vieron varios jugadores del Once Caldas como Niche Sánchez, Andrés Roa, Michael Barrios, mientras estuvo en plenitud, Juan Cuesta y Pipe Gómez.
Para otros fue un estorbo, como Riquett, con desgaste sobre sus hombros; Zapata y Zuleta porque pusieron su cabeza en otros mundos, y Patiño, caído en desgracia por sus equivocadas decisiones. Se marchó cuando no debía y regresó en deplorable estado.
En el fútbol exhibido en la campaña, que frustró el sueño de título de los aficionados, Robert Mejía fue todo corazón, al igual que Castaño. Dejaron todo en las canchas. Joan Parra brilló por la seguridad en el pórtico, con algunos rasgos de inmadurez, que, por fortuna, no pagaron factura.
Tarea inconclusa
El Once dejó la tarea sin terminar por su irregularidad, por la dependencia de Dayro que se volvió nociva, y perdió parte de su liderazgo por egoísmo. Pero, basta de lamentaciones. Es hora de un nuevo comienzo, con la mirada puesta en la solución a las carencias, que se ven en la nómina.
Con las certezas en los fichajes que garanticen inmediato rendimiento, que eviten retrasos en la puesta a punto. Así lo enseña la experiencia. Lo que parece, el Once Caldas no aprende.
Lo que se necesita
En los retoques, la presencia de dos zagueros garantía, un lateral por izquierda, un medio de marca o apoyo y delanteros, por banda. Refuerzos que, con buena gestión, desde las tácticas y la estrategia, puedan potenciar el colectivo.
La mirada en las inferiores, es obligatoria. Muchos chicos pintan ilusiones, esperando su oportunidad. Pero no todos llegan. Por eso la destreza en la mano que los guía, es muy importante.
Las derrotas en el futbol no son una tragedia.





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