Salió de Orito, Putumayo, a los 12 años, desplazado por la violencia y con una historia familiar marcada por la ausencia. Llegó a Manizales, terminó el bachillerato, estudió Ciencia Política y encontró en la Gobernación de Caldas la oportunidad de construir un camino que lo llevó de practicante a secretario de Planeación. Ahora se despide del cargo con gratitud, orgullo y la esperanza de seguir trabajando por la gente.
La vida de Carlos Anderson García Guerrero empezó cuando todavía era un niño y tuvo que abandonar su pueblo, Putumayo, empujado por la violencia que lo dejó sin familia. No salió con un proyecto profesional bajo el brazo ni con la certeza de lo que vendría después. Las circunstancias lo obligaron a dejar atrás su tierra y a buscar un lugar donde pudiera continuar con su vida. Años más tarde decidió contar esa historia. Lo hizo para expresar el orgullo que siente por el camino recorrido.

Su relato tiene episodios que explican por qué habla de la vida con gratitud. Pasó varios años entre Nariño y Putumayo y, a los 16, decidió regresar para continuar sus estudios. Dos años después emprendió otro viaje, esta vez hacia Manizales, acompañado por una esperanza que todavía no tenía forma definida. En ese recorrido encontró a una media hermana cuya existencia desconocía. Para él, aquel encuentro fue una señal de que, incluso en medio de las dificultades, la vida podía abrir caminos inesperados.
Manizales se convirtió entonces en el lugar donde empezó a reconstruir su futuro. Llegó siendo muy joven y tuvo que abrirse paso para terminar sus estudios. Validó el bachillerato en una sede de CONFA, cerca de Bellas Artes, y posteriormente ingresó a la Universidad Autónoma de Manizales, donde estudió Ciencia Política, “como muchos colombianos, pague la carrera con el ICETEX”. No llegó a la Administración pública por una recomendación ni porque alguien le hubiera reservado un puesto. Su primer vínculo con la Gobernación de Caldas fue una práctica profesional exigida por la universidad. Era el comienzo de una historia que, en ese momento, difícilmente podía imaginar.

La práctica se convirtió en una oportunidad. Después llegaron los contratos de prestación de servicios y, con el paso de los años, las responsabilidades fueron creciendo hasta que en 2022 asumió la Secretaría de Planeación de Caldas. Once años después de su primer ingreso a la institución, aquel joven que había llegado a Manizales buscando cómo continuar su vida estaba al frente de una dependencia desde la cual se proyectan inversiones, se estructuran obras y se toman decisiones que afectan el desarrollo de los municipios. Su recorrido, desde la práctica profesional hasta la dirección de una secretaría, es también el testimonio de una carrera construida paso a paso.
“Yo no soy caldense, pero conozco este territorio más que cualquiera”, dijo durante su despedida como Secretario de Planeación de Caldas. No lo planteó como una discusión sobre el lugar de nacimiento, sino como una manera de explicar el vínculo que desarrolló con el departamento. Aseguró que conoce sus municipios, sus corregimientos y muchas de sus necesidades. Habló de las obras que hacen falta, de las vías que deben mejorarse, de las estaciones de bomberos que necesitan reconstrucción y de los proyectos que todavía esperan recursos para convertirse en realidad. En sus palabras apareció un funcionario que, más allá de los documentos y las cifras, quiso mostrar que su trabajo también había significado recorrer el territorio y reconocer las dificultades de sus comunidades.
Durante los cuatro años al frente de Planeación, García Guerrero destacó la aprobación de proyectos por $589.000 millones a través del Sistema General de Regalías, la consolidación de un equipo propio para formular estudios y diseños y el acompañamiento a los municipios en la actualización de sus instrumentos de ordenamiento territorial. También defendió iniciativas de largo aliento, como el Tren del Café, el desarrollo logístico del kilómetro 41 y las obras necesarias para completar Aerocafé. Pero, al presentar su balance, insistió en que los resultados no deben quedar asociados únicamente a quien ocupa un cargo. Su preocupación, dijo, es que los proyectos continúen, que las administraciones no empiecen de cero y que el trabajo realizado sirva de base para lo que viene.

Su adios tuvo tanto de balance administrativo como de reflexión personal. García Guerrero agradeció al gobernador Henry Gutiérrez por la confianza, a los gremios, las universidades, las alcaldías y los periodistas que acompañaron su gestión. Expresó que deja una secretaría un poco mejor que la que encontró, “espero que quien llegue, la pueda llevar todavía más lejos”. No ocultó que en la función pública hay diferencias y que los resultados pueden ser valorados de distintas maneras. “Uno muchas veces no es de donde nace, sino de donde se hace”, fue la idea que resumió su relación con Caldas, un departamento que, según afirmó, le dio la oportunidad de formarse como profesional, crecer como persona y construir una familia.
El exsecretario anunció que se tomará unos días para descansar y evaluar alternativas laborales, entre ellas una posibilidad en Bogotá o incluso en Medellín. No descartó seguir vinculado al sector público, porque considera que es el campo para el cual se preparó y desde el que todavía puede aportar. Sin embargo, fue prudente frente a las preguntas sobre eventuales aspiraciones políticas: dijo que es temprano para hablar de ese tema y que, por ahora, prefiere concentrarse en las decisiones que tiene por delante.
Al final, cuando volvió sobre sus orígenes, dejó claro que no pretendía convertir las dificultades de su infancia en una historia de victimización. Quería contar de dónde venía y cómo había llegado hasta allí. El niño que salió de Orito a causa de la violencia, que regresó para estudiar y que después encontró en Manizales una oportunidad, terminó ocupando uno de los cargos desde los cuales se piensa el futuro de Caldas. No todo está hecho, ni todos los proyectos han llegado a su destino. Se va con la convicción de haber contribuido a abrir caminos y con la disposición de seguir trabajando donde las circunstancias lo lleven.





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