Por Germán Mejía Gallo, Aquí Manizales
En medio de una compleja realidad económica y social, Colombia necesita un debate serio sobre su futuro y no discusiones superficiales que desvían la atención de los verdaderos problemas nacionales.
Colombia atraviesa uno de los momentos más exigentes de su historia reciente. Las dificultades económicas golpean a millones de familias, la incertidumbre social crece y la confianza en las instituciones enfrenta un desgaste evidente. En medio de ese panorama, el país debería estar concentrado en discutir soluciones, caminos y propuestas que permitan recuperar el rumbo nacional.
Sin embargo, buena parte del debate político y público parece desviarse hacia discusiones menores, hacia polémicas personales o hacia asuntos que poco tienen que ver con las verdaderas necesidades de la nación. Colombia no necesita candidatos hablando de lo que son o de lo que representan individualmente, ni ciudadanos juzgando el futuro del país a partir de etiquetas o posturas personales. Lo que el país necesita es liderazgo, visión y propuestas.
Son demasiados los retos que enfrenta la nación como para perder tiempo en debates insulsos. La economía requiere decisiones claras, la seguridad demanda respuestas firmes, la institucionalidad necesita fortalecerse y el tejido social reclama reconstrucción. En los últimos años se han perdido espacios de confianza, de estabilidad, de seguridad y de rumbo que hoy exigen ser recuperados con responsabilidad y conocimiento.
Por eso, Colombia necesita más que nombres: necesita equipos preparados, con experiencia en el manejo de lo público, con claridad sobre el camino que debe seguir el país y con la capacidad de convocar a la unidad nacional. La tarea que viene es enorme y no admite improvisaciones.
Este no es el momento de las distracciones. Es la hora de hablar de Colombia, de pensar en su futuro y de concentrarnos en lo verdaderamente importante: recuperar el país en todos sus sectores, recuperar su dignidad y devolverle a la nación el lugar que merece.




