Foto del Facebook de HISTORIAS Y FOTOGRAFÍAS DE MI MANIZALES DEL ALMA
El escultor manizaleño Luis Guillermo Vallejo recuerda cómo nació la primera torre de la Catedral, la de San Marcos y el reloj, gracias a la iniciativa de ciudadanos que, en medio de las dificultades, aportaron sus recursos para levantar el templo que hoy es uno de los grandes símbolos de la ciudad.
La historia de la Torre del Reloj de la Catedral de Manizales comienza cuando la ciudad se enfrentaba al reto de construir un nuevo templo después de que un incendio destruyera el anterior. Había que conseguir recursos para sacar adelante un proyecto que era importante para todos. Y fue precisamente en medio de esos esfuerzos cuando aparecieron ciudadanos dispuestos a poner de su bolsillo para ayudar.

Foto del Facebook de Fotos Antiguas de Manizales (FAM) – Fuente: Manizales de ayer
Vallejo cuenta que Marco Gómez Botero, un ciudadano reconocido de aquella época, estaba comiendo empanadas en la Plaza de Bolívar mientras observaba con varios amigos cómo avanzaba la construcción de la Catedral. En esas estaba cuando se le ocurrió una idea. Se volvió hacia su amigo Pablo Escobar y le dijo que él ponía la plata para construir una de las torres, la que llevaría a San Marcos. La respuesta de su compañero no se hizo esperar: si Marco ponía una, él se comprometía a financiar otra para San Pablo.
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La cosa no paró ahí. Al conocer la iniciativa, Francisco Jaramillo decidió aportar para la torre de San Francisco, mientras Emilio Toro y su esposa, Inés, se encargaron de la de Santa Inés. Así, entre conversaciones, amistades y aportes personales, fueron tomando forma las torres de la nueva Catedral. El artistas recuerda esta historia para mostrar cómo, en aquellos años, había personas que no se quedaban esperando a que alguien más resolviera las necesidades de la ciudad, sino que daban un paso al frente y ayudaban a hacer realidad las obras que Manizales necesitaba.

Foto del Facebook de Historia y Fotografías Antiguas de Manizales
Para el escultor, la historia de la primera torre es también la historia de una manera de entender la ciudad. Alguien decía “yo pongo para hacer esto” y los demás se animaban a participar. Esa actitud ayudó a sacar adelante muchos proyectos en una Manizales que, desde sus comienzos, tuvo que sobreponerse a incendios, terremotos y diferentes dificultades. La Torre del Reloj quedó ligada a ese esfuerzo colectivo y hoy, cuando se habla de desmontarla por los daños que le causó el terremoto, Vallejo se pregunta ¿por qué no se podría salvar la torre en el mismo lugar donde ha estado durante tantos años? Él mismo aclara que no es ingeniero y que no conoce los detalles técnicos, pero considera que vale la pena plantear la inquietud.
Hay algo más que le duele de todo este episodio. Durante la búsqueda entre los escombros no fue posible recuperar la escultura de San Marcos. Según cuenta Vallejo, quedó destruida en mil pedazos y no hay manera de reconstruirla con lo que quedó. Habrá que hacerla de nuevo. Es una pérdida que se suma a los daños sufridos por la Catedral y que recuerda que, cuando una estructura de tantos años resulta afectada, no solo se comprometen sus materiales, sino también parte de las historias que la gente ha construido alrededor de ella.
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Ahora viene el trabajo de desmontar la torre afectada para avanzar en la recuperación de la Catedral. Ojalá los estudios permitan conservar todo lo que sea posible y tomar las mejores decisiones sobre su futuro. Mientras tanto, vale la pena recordar a aquellos ciudadanos que, conversando entre ellos en la Plaza de Bolívar, decidieron aportar para levantar las torres de la Catedral, lo que dice mucho de cómo se construyó Manizales y de la importancia de no perder la memoria de quienes ayudaron a hacerla.





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