Una propuesta para que una de las huellas más dolorosas del terremoto se transforme en un lugar de memoria, oración, encuentro y turismo para Manizales.
El terremoto dejó una imagen que difícilmente desaparecerá de la memoria de los manizaleños: la torre del reloj de la Catedral afectada por el movimiento de la tierra y obligada ahora a un proceso de desmonte controlado. Antes de que llegue ese momento, el periodista Germán Mejía Gallo, de Aquí Manizales, quiere poner sobre la mesa una idea para que sea estudiada: hacer todos los esfuerzos posibles para conservar la torre completa y, si las condiciones técnicas y patrimoniales lo permiten, trasladarla por secciones a un lugar especial de la ciudad para reconstruirla como un monumento a la memoria de la tragedia.
El Cerro de Sancancio podría ser una posibilidad, aunque el sitio tendría que definirse mediante estudios técnicos, urbanísticos, patrimoniales y ambientales. La estructura podría convertirse en un espacio de oración, contemplación y peregrinación, donde se recuerde a las víctimas y se cuente la historia del terremoto y la manera como Manizales enfrentó sus consecuencias. Lo que hoy representa una herida podría convertirse, con el tiempo, en un nuevo símbolo de la ciudad y en un atractivo turístico de gran significado.
Alrededor de esa torre podría construirse un campanario de la memoria, diseñado para que el lugar tenga vida propia. Un reloj podría marcar permanentemente las horas y, al mediodía, las campanas podrían interpretar el Himno de Manizales. A las seis de la mañana y a las seis de la tarde, podría sonar el Himno Nacional de Colombia, convirtiendo esos momentos en una especie de ritual ciudadano de recuerdo, identidad y encuentro. Sería una manera de hacer que la torre siga hablando con la ciudad, aunque ya no esté en el lugar donde permaneció durante tantos años.
El proyecto podría convocar además a empresas privadas, universidades, gremios, organizaciones culturales y ciudadanos. Cada empresa podría apadrinar una parte de la recuperación, mientras especialistas en ingeniería, arquitectura, patrimonio e historia acompañarían el proceso para identificar, numerar, conservar y trasladar las piezas que puedan recuperarse. Si la torre debe desmontarse por secciones estructurales, esas mismas piezas podrían convertirse en los elementos con los que posteriormente se arme el monumento, conservando, hasta donde sea posible, su identidad original.
No se plantea que esta sea necesariamente la solución ni que pueda hacerse sin estudios. Es una idea para que no se descarte antes de analizarla. El terremoto puede dejarle a Manizales un lugar permanente para recordar lo ocurrido. Una torre, un campanario, un reloj, un espacio de oración y un mirador podrían convertirse en un nuevo punto de encuentro para quienes vivieron la tragedia y para las generaciones que solamente la conocerán por los relatos de sus padres y abuelos.
Desde este medio de comunicación, Aquí Manizales, dejamos esta propuesta sobre la mesa para que se piense, se discuta y se estudie. Que hablen los expertos, las autoridades, la Arquidiócesis, los empresarios, las universidades y la ciudadanía. Y si existe una alternativa mejor, que también sea escuchada. Lo importante es que, antes de desmontar definitivamente una parte de la historia de Manizales, se haga todo lo posible para que la torre no termine convertida en escombros, sino en memoria viva de una ciudad que después del terremoto volvió a levantarse.




